¿Estamos comprometidos con el bienestar del país o solo con el mío?

¿Estamos comprometidos con el bienestar del país o solo con el mío?

Cuando hablamos de bienestar, casi siempre pensamos en el propio.

En cómo estoy, cómo me siento, cómo cuido mi estabilidad. Pero pocas veces nos preguntamos si estamos realmente comprometidos con el bienestar del país que habitamos.

Y es que hay semanas que prenden alarmas y esta fue una de ellas, donde creo que estamos mirando el árbol y no el bosque.

No por lo que dicen los titulares, sino por lo que escucho cuando hablo con personas formadas, inteligentes, responsables… que siguen preguntando:

“¿Y entonces… por quién voto?”

Esa pregunta, tan repetida, me inquieta profundamente. Porque en el ámbito empresarial nunca tomaríamos una decisión crítica sin información, sin análisis y sin proceso.

No contratamos a alguien “por intuición”. No lanzamos una transformación sin gestión del cambio. No formamos líderes sin método.

Y, sin embargo, la decisión más importante para el país suele quedar librada al azar, a la emoción del momento o a la desinformación.

La semana pasada, en un chat de una comunidad donde participo, alguien hizo un llamado al voto con conciencia. Lo que siguió fue una polémica que me dejó pensando: alguien dijo “no hablemos de ese tema”, “eso no nos compete”, “sigamos con lo nuestro”. Y me pregunté: si no nos compete nuestro país, entonces ¿qué sí? ¿Solo mi pedacito? ¿mi trabajo? ¿mi bono? ¿primero yo, segundo yo y tercero yo?

Siento que muchos hemos vivido en una burbuja que no nos ha permitido conocer el país real. Y esta Colombia que vivimos que no siempre miramos, es un desafío enorme. No podemos seguir dormidos ni resignados a “ver qué pasa”. Esta Colombia nos ha visto crecer y ser quienes somos hoy.

Desde las empresas y lo digo con toda claridad no estamos llamados a decirle a nadie por quién votar, ni a promover discursos de odio, ni de ataque entre derecha o izquierda. Pero sí tenemos una responsabilidad mucho más profunda: formar criterio. No desde el activismo sino desde la pedagogía, desde el liderazgo, desde la conciencia del impacto que pueden generar nuestras decisiones y desde el amor por este país que nos ha visto crecer.

Porque somos un solo país. Y lo que se decide hoy no se queda en la política: impacta empleo, empresas, familias, barrios, oportunidades… y a las próximas generaciones.

Aquí hay algo que no siempre queremos ver: no puede haber bienestar individual sostenible en un país que se gestiona sin criterio. El bienestar no es solo personal o emocional; también es social, económico e institucional.

Esta semana lo vi también en algo aparentemente pequeño. En mi edificio, varios residentes pidieron un estudio de automatización por el incremento que todos sabemos. Una decisión de ahorro que puede dejar a 4 personas sin empleo. La intención puede parecer “racional”. Pero el impacto humano no estaba siendo considerado. De nuevo solo mi pedacito…..

Por eso quiero dejar aquí algo muy concreto. No una opinión o una postura. 5 puntos básicos, para generar conversaciones pensadas desde la lógica de gestión y ayudar a analizar decisiones de país con más conciencia:

  1. Entender de dónde venimos Antes de decidir, hay que mirar la historia reciente. ¿Qué ha pasado en salud, educación, empleo, pensiones, infraestructura? ¿Qué decisiones se han tomado y con qué resultados reales? Sin contexto, no hay criterio.
  2. Analizar la gestión, no solo la intención Las promesas no gobiernan. Gobierna la ejecución. ¿Cómo han funcionado los ministerios? ¿Qué tan estables han sido los equipos? ¿Qué capacidad real de gestión se ha demostrado? Esto es gestión pública, no discurso.
  3. Revisar las reformas y sus implicaciones ¿Qué reformas se han propuesto o aprobado? ¿Qué problema buscaban resolver? ¿Cómo se financiaban? ¿A quién beneficiaban y a quién podían afectar? Toda reforma tiene costos y efectos colaterales. Ignorarlos no los elimina.
  4. Medir impactos en la vida cotidiana Las decisiones de país no son abstractas. Impactan empleo, informalidad, empresas, precios, acceso a servicios y calidad de vida. Si una decisión no se puede explicar en términos de impacto real, merece más análisis.
  5. Asumir la responsabilidad individual y colectiva votar no es un acto aislado. Es una decisión que nos involucra a todos. Habla del tema en tu empresa. también en tu casa, con las personas que te ayudan. Con los vigilantes, con el personal de aseo, con tu círculo inmediato. No para decir qué pensar, sino para construir juntos.

El bienestar no se construye ignorando lo que pasa alrededor.

Hacernos los de la vista gorda es un lujo que ya no nos podemos permitir y nos desconecta de la realidad de nuestro país.

Desde el ámbito empresarial sabemos algo que no deberíamos olvidar: las decisiones sin análisis siempre terminan costando más.

Nuestro país no necesita más insultos, memes de burla, críticas destructivas, ataques verbales. Necesita criterio, conversación madura, liderazgo consciente para generar bienestar.

Diseñemos ese futuro donde queremos vivir no lo improvisemos, y asumámoslo con responsabilidad.